• 360 g de judías blancas de riñón
  • 200 g de pulpo congelado
  • 1 cebolla + ½ para el sofrito
  • 1 cabeza de ajo
  • 4 clavos
  • 2 hojas de laurel
  • 3 tomates
  • Pimentón de La Vera
  • Aceite de oliva
  • Agua para la cocción
  • Sal

Poner en remojo las judías con la antelación indicada y descongelar el pulpo.

Poner una cazuela al fuego con agua sin sal y añadir el pulpo cuando rompa a hervir.

Sacarlo y reintroducirlo tres veces cada vez que vuelva a borbotear.

Cocerlo de 15 a 20 minutos comprobando su textura.

Pelar la cebolla y pinchar los clavos.

Introducir las judías, la cebolla, la cabeza de ajo lavada y el laurel en la olla.

Cubrir con el agua de cocción del pulpo, añadiendo más si lo necesita, salar y cocer el tiempo indicado.

Lavar los tomates, rallarlos y pasarlo por un chino para retirar las pepitas.

Picar la cebolla restante y sofreírla en una sartén con un poco de aceite.

Retirar del fuego, añadir el pimentón, remover para que no se queme, verter el tomate y continuar unos 5 minutos.

Abrir la olla, retirar la cebolla, el ajo y el laurel.

Incorporar el sofrito a la olla y mezclar.

Cortar el pulpo con una tijera, añadirlo, dar un hervor, comprobar la sal y servirlo caliente.

Mejora de un día para otro.

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El uso correcto de la olla logra un notable ahorro de tiempo y energía. Los alimentos pierden menos nutrientes, conservan su aroma y sabor al apenas utilizar agua y cocerse en su propio jugo y quedar sus sustancias minerales, sobre todo sodio y potasio, disueltas en él. Y precisa menos grasa para cocinar.