• 2 cabezas de ajo
  • Hojas de albahaca
  • Aceite de oliva virgen

Pelar los ajos, separar los dientes y descartar los que estén dañados.

Cortar un poco de la parte más dura que los une a la cabeza.

Colocarlos en un tarro de cristal previamente esterilizado, alternando con hojas de albahaca lavadas y secas.

Cubrir con el aceite y cerrar el envase.

Dejar que repose en un lugar fresco y seco el tiempo indicado.

Agitar varias veces durante el periodo de maceración.

Una vez abiertos, conservarlos en la nevera siempre cubiertos de aceite.

Se pueden consumir crudos o utilizarlos para cocinar.