Leer detenidamente el etiquetado de los alimentos

La mayor parte del sodio que ingerimos se encuentra en la comida elaborada. Por esto, antes de comprarlos conviene comprobar cuánta sal contienen, dato que figura en su lista de ingredientes y en la información nutricional que aparece en su etiquetado.

Dos productos iguales pero de diferentes marcas pueden contener proporciones de sal significativamente distintas.

Vigilar el consumo de ciertos alimentos

Aperitivos: patatas fritas, encurtidos, frutos secos, aceitunas...

Algunos refrescos denominados diet pueden contener ciclamato de sodio

Embutidos, chacinas, salazones...

Carnes y pescados ahumados.

Quesos curados o de pasta firme.

Caldos y sopas instantáneos.

Algunos dulces procesados contienen sodio en su composición.

Casi todas las salsas industriales tienen una alta proporción de sal.

Algunas sales que se publicitan como dietéticas llevan sal entre sus ingredientes.

Modificar algunos hábitos al cocinar

No salar la comida durante su cocinado, es mejor esperar a que esté coompletamente preparada.

Emplear hierbas aromáticas y especias.

El reposo de los potajes y cocidos concentra el sabor de los alimentos.

En algunas preparaciones el frío potencia aún más este efecto, por lo que viene bien cocinar de un día para otro.

Recordar que el que cocina soso cocina para todos y el que cocina salado cocina par el gato.

En la mesa

Permitir que cada comensal añada la cantidad de sal a su gusto.

En un restaurante, pedir que sazonen los platos al gusto de cada uno.

Otras recomendaciones

Los alimentos frescos, solos o como acompañantes de las recetas son una buena opción.

Las aceitunas, los encurtidos y otras conservas y preparaciones industriales pueden lavarse antes de emplearlas en la receta o servirlas en la mesa.

Beber agua baja en sodio ayuda a eliminar su exceso en el organismo.

Cantidades diarias máximas recomendadas

Adultos: 5 g.

Menores de 7 años: 3 g.

Niños entre 7 y 10 años: 4 g.