• 400 g de higaditos
    de pollo
  • 3 cebollas grandes
  • 3 dientes de ajo
  • 1 copa de brandy
  • ½ copa de vino blanco
  • Aceite de oliva
  • Sal

Pelar las cebollas y los ajos y picarlos en juliana.

Pocharlos en una sartén con aceite y un poco de sal.

Limpiar los higaditos, cortarlos por la mitad, incorporarlo al guiso y rehogar.

Bañar con el coñac y el vino, remover y dejar que se evapore, corregir de sal y comprobar que estén tiernos.

Servir caliente.

El pollo se comenzó a domesticar en el valle del Indo, río de Asía meridional, hace aproximadamente 4.500 años, desde donde pasó a Persia a través de los intercambios comerciales. Durante la Edad Media su consumo disminuyó, ya que se preferían las pulardas, capones y gallinas, para reaparecer hacia el siglo XVI.

Pechuga: desde el punto de vista gastronómico, es la parte más apreciada del pollo, pues está prácticamente desprovista de grasa –apenas un 2%– y es de sabor nítido. La manera de prepararla es clave para que se mantenga jugosa y tierna. Es habitual en filetes o brochetas.

Pescuezo o cuello: es una parte bastante sabrosa, aunque poco aprovechable. Es ideal para caldo y sopas.

Ala: las alitas son un aperitivo excelente. La parte más carnosa es la que está próxima al cuerpo. Resultan perfectas para barbacoa, adobadas o fritas, con la textura crujiente o mojadas en salsa.

Muslo: contiene más grasa que la pechuga y es esencial en guisos y estofados. Al ser una pieza más musculosa, el sabor es más pronunciado.

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